Miro a lo lejos y no veo cosa más que un hermoso paisaje. Imagino que mi cuerpo se levanta del piso y poco a poco se va elevando. El cuadro ha pasado a estar debajo de mí, callado y calmado. El viento golpea mi cara, me hace que la ilusión se vuelva cada vez más real. Ahora no sólo estoy suspendida sobre el aire, también me muevo y vuelo. Vuelo más... alejandome de mi hogar, de mi país, de mi continente, del mundo. Todo parece perfecto, y sin embargo el sentimiento de que algo falta, sigue ahi, molestando como un mosquito con su insistente zumbido.
A mí mente sólo viene un rostro. El mismo rostro que ha aparecido desde hace tiempo ya. Se parece al tuyo, creo que es el tuyo. No puedo estar segura, está borroso, pero sé que eres tú el que me mira. Lo imagino lindo y paciente, con una chispa de simpatía y diversión tan tuya. Ya estoy más tranquila...
A la profundidad de la escena escuchó me llaman por mi nombre. Comentan algo de una comida. El aroma lo confirma, parece ser salsa de jitomate. Que curioso, jamás combinaría un monte con un olor como ese. Nuevamente, ahora es la voz de mi papá, más insistente. Tan rápido como mi imaginación llegó hasta ahi, la razón me trae hasta tierra firme. Paso de ser un ave-huaman hasta una simple observadora más.
8 de abril de 2010
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